Es preciso que regreses ya, querida.

Lo recomiendan, en silencio, los pasillos.
Lo ruegan las señales horarias de radio.
Lo decretan, infalibles, los libros de estilo.
Lo reclaman, tan cansinas, las campanas.

Ayer abrí un pez y en vez de entrañas,
tenía dentro tulipanes y lirios blancos.

Soy un augur que adivina el pasado.
Y tú te aburres, sirena en la montaña.

Te he llamado con nombres inventados,
protegiendo tu intimidad de los fisgones.

Pero ambos sabemos que lo nuestro
no obedece al algoritmo y su tiranía,
ni responde al reloj de la estadística.
Lo nuestro, no responde, pero sabe.

Es hora ya de que vuelvas a casa,
poesía.

Una sirena en la montaña. Carlos Salem

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